Colesterolemia

EI colesterol es una sustancia fundamental para el organismo y está presente en todas las células de los órganos y tejidos. Una gran parte se produce en el hígado, pero también puede ser incorporado con la alimentación. Desde el hígado es transportado a las distintas células a través de la sangre, gracias a la ayuda de las denominadas LDL, las cuales, cuando su cantidad es excesiva, tienden a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos, donde pueden formar auténticas placas, obstruyendo el flujo sanguíneo. Si, a consecuencia de estos obstáculos a la circulación (por fenómenos de trombosis si la placa cierra la luz de una arteria o de embolia si un trozo de placa se desprende y origina una obstrucción en otra parte), el corazón, el cerebro u otros órganos no reciben un aporte adecuado de oxígeno se producen daños muy graves, entre estos infarto e ictus.

Es importante asegurarse de que el colesterol no alcance nunca niveles demasiado elevados (hipercolesterolemia).

Los niveles deseables de colesterol son:

  • colesterol total hasta 200 mg/dl
  • colesterol “malo” (LDL) hasta 100 mg/dl
  • colesterol “bueno” (HDL) no inferior a 50 mg/dl

Los niveles de HDL no deben ser inferiores al valor indicado, pues estas sustancias ejercen una importante acción protectora: eliminan el exceso de colesterol de los tejidos.

Los niveles sanguíneos de colesterol pueden averiguarse fácilmente con un análisis de sangre. Para calcular la cantidad de colesterol “malo” hay que restar al valor del colesterol total el del colesterol-HDL y después restar a la cantidad resultante un quinto del valor de los triglicéridos. eridi.

 

TRIGLICERIDEMIA

Otra forma de grasa presente en la sangre es la de los triglicéridos, que son una importante fuente de energía para el organismo. Cuando la dieta contiene demasiadas grasas, carbohidratos (azúcar, pan, pasta) o alcohol, los niveles sanguíneos de triglicéridos aumentan y, aunque no provocan directamente la formación de la placa aterosclerótica, si estos son altos a menudo están asociados a niveles elevados de colesterol-LDL y a niveles bajos de colesterol-HDL, así como a otras enfermedades como diabetes y obesidad. Por ello es importante mantenerlos a niveles “deseables”, o sea, inferiores a 150 mg/dl.