Tensión arterial
La tensión arterial normalmente varía en función de distintos factores o a causa de algunas enfermedades
Spento

La sangre circula por el interior del sistema circulatorio (corazón y vasos sanguíneos) a una determinada tensión arterial, que normalmente varía en función de distintos factores (esfuerzo físico, emociones, temperatura, reposo, etc.) o a causa de algunas enfermedades.

La presión de la sangre puede medirse fácilmente con un instrumento denominado esfigmomanómetro, que permite obtener dos valores de referencia: la tensión “máxima” (sistólica), cuando el corazón se contrae y “bombea” la sangre a las arterias, y la tensión “mínima” (diastólica), cuando el corazón está relajado entre una contracción y la siguiente.

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La tensión “máxima” (sistólica) tiende a aumentar con la edad por llevar un estilo de vida no saludable: provocando el endurecimiento de las paredes de los vasos arteriales, por lo que no es bueno tener la tensión alta, tampoco en edad avanzada. Por ello los médicos son partidarios de tratarla, aunque hay quien piensa que es “normal”.

No nos olvidemos que un estilo de vida inadecuado también puede aumentar la tensión arterial en personas jóvenes.

Al igual que el colesterol alto, la hipertensión puede no presentar síntomas, pero es importante tenerla controlada en todas las edades, porque los niveles de tensión elevados cansan el corazón, pudiendo provocar incluso un aumento de su tamaño, con la consiguiente pérdida de eficiencia.

La tensión alta, además, favorece la formación de placas ateroscleróticas y aumenta el riesgo de infarto y de ictus.

Se considera “deseable” que la tensión máxima no supere 120 mmHg y que la mínima no supere 80 mmHg.
Se habla de hipertensión cuando se superan 140 mmHg de máxima y 90 mmHg de mínima.

La tensión alta provoca además otros problemas de salud, menos evidentes que un ictus pero igualmente importantes, como el deterioro de la función renal y de las facultades mentales.

 

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Para mantener controlada la tensión arterial es importante:

  • Limitar el consumo de sal. Reducir el consumo diario de sal a un máximo de 5 g al día puede bajar la tensión máxima hasta 8 mmHg y la mínima hasta 4 mmHg. Para las necesidades de nuestro organismo, es suficiente la cantidad de sal que contienen naturalmente los alimentos;
  • Comer mucha fruta y verdura, ricas en sustancias muy importantes para el organismo que ayudan, entre otras cosas, a mantener baja la tensión;
  • Comer de forma equilibrada, reduciendo el sobrepeso;
  • No fumar;
  • Moderar el consumo de café;
  • Realizar regularmente actividad física. Una actividad física de intensidad moderada (bastan 30 minutos al día andando a paso ligero) ayuda a mantener la tensión arterial a un nivel adecuado;
  • Relajarse. Cuando se siente rabia, miedo o se está excitado o estresado, al igual que cuando se fuma, la tensión aumenta.
     
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